Una corta historia desde Pachuca

Hola  a todos mis paisanos colombianos que viven aquí en la República Mexicana; soy Zulmira Montoya Chaverra, una colombiana  que también radica aquí desde hace dos años.

Hoy quiero hablarles de mi experiencia en este país y lo hago por que de alguna manera  siento una conexión  con todas estas historias que he escuchado  de migrantes  que por alguna razón  abandonan su lugar de origen y vuelan a otros lugares para comenzar una buena historia.

Cuando llegué a este país, traía un miedo tremendo; mi primer  desafío era  subirme a un avión a los que tengo un miedo  horrible desde muy niña, es que nací en una casi isla donde nuestro único medio de transporte era una lancha donde atravesábamos el río Atrato y el mar en el Golfo de Urabá en el bello y olvidado departamento del Chocó, en el país más bello, al menos para mi (Colombia),  donde la flora y la fauna  eran el despertar de nuestro  diario vivir;  en  ese pueblito mágico  también nació Vanessa Mendoza, la primera  reina negra que tuvo Colombia. Para ubicarlos mejor, tal vez algunas de las personas que lean  este texto escucharon hablar de la barbie negra  que conquistó a Colombia con su belleza. Bueno, mi casa no estaba muy lejos de la suya y les hablo de esto por que de alguna manera quiero contarles algo de mi para que vean ustedes como decido partir  de aquel lugar para hoy vivir en México, en el maravilloso Estado de Hidalgo, y es que como en toda bella historia, el amor es el único sentimiento capaz de mover al mundo pues yo no soy la excepción.  Me enamoré de Cris Guzman, un mexicano que me presentó una amiga por casualidad, y a partir de ahí vivimos una novela que algún día escribiré,  pero hoy les contaré una de mis vivencias en el bello país Azteca.

Cuando llegué a México me sentí extraña, le decía a Cris que me sentía  como un animalito cuando lo sacan de su  hábitat.  La primera semana me pregunté muchas veces: ¿qué hago aquí? Estábamos  en la fría ciudad de Pachuca en el mes de diciembre cuando el frío es insoportable, y para mi que soy de la Costa Pacifica colombiana donde el calor precisamente para esas fechas esta en pleno. Cris, quien hoy es mi esposo había comprado un local; era un ciber que compartía con una señora que vendía  antojitos mexicanos, y en ese lugar  comenzó  esta nueva etapa de mi vida. En cada cliente que llegaba a sacar al menos una fotocopia siempre teníamos algo que hablar; claro, mi acento, mi color de piel… soy una morena clara, o como dirían en mi tierra: una mezcla entre cordobés y chocoano. Mi pelo crespo (para los mexicanos: “chino”) les parecía curioso, y así entre preguntas y respuestas, entre la comida, lugares, la cultura, tradiciones, la música, la gente, etc, cumplí mi primer año en este país donde me casé y nació mi segundo hijo.  Me fui enamorando. Soy una apasionada romántica y amo el arte, aquí encuentro magia y encanto. Con frecuencia suelo visitar las tiendas de artesanías.  Ahí soy feliz.

Hubo un momento crítico, el nudo de mi estadía en este país:  cuando mande  a buscar a mi hijo  y me lo regresaron, fue uno de los  peores días de mi vida, lo resumo como una pesadilla. Los agentes de Migración me perecieron crueles,  inhumanos, herméticos; finalmente entendí que era su trabajo y hoy gracias a Dios  mi hijo esta conmigo.

En la actualidad me ofrecí como voluntaria para dictar clases de creación literaria en la Casa de la Cultura, ya que en Colombia publiqué mi primera novela  la cual lleva por título  El “Dormitorio  de los Recuerdos”.

Se me ocurrió la idea de abrir un restaurante de comida colombiana que lleva por nombre: “ Con sabor a café”;  allí llevo presente mi país entre olores, sabores y aromas. Comemos, reímos y charlamos de la espectacular tierra del café.

Zulmira Montoya Chaverra

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