FUE MÉXICO QUIEN NUEVAMENTE NOS UNIÓ

Actualización: noviembre 1, 2020

Mi abuela Andrea Torres, más conocida como Mama Pía y quien murió en Barranquilla en el año 1994, vino a visitarme a la Ciudad de México, el dos de noviembre del año pasado.

Lo hizo en cumplimiento de un requerimiento tan sutil como honroso de mi parte: Puse su foto en mi ofrenda del Día de Muertos. Un bello altar decorado sutilmente con vibrantes flores de cempasúchil, con inciensos más perfumados que los del Niño Dios, con toques de color naranja y negro que se compaginaban en una tonalidad tan cautivadora para todos aquellos que no han crecido en el devenir estremecedor de llevarse bien con la muerte. Son ofrendas de vida que guían el camino de aquellos que nos acompañan desde otro plano hasta esa cálida madrugada de noviembre en la que la muerte vence las restricciones insustanciales de la vida y los hace regresar a nosotros, por solo una noche más. Mi abuela se deleitó con los humos fragantes, sonrió con las tonalidades coloridas, desgastó el aroma del aguardiente antioqueño que le encantaba en vida e interpeló a la muerte con la satisfacción propia de quien ama más allá de lo humanamente posible.

Debo confesar que mi primera celebración del día de muertos en México me pareció tan fascinante como babélica. Yo había llegado a México solo un par de meses antes y la tierra azteca me recibía con el legado más poderoso que habían heredado de sus antepasados. Los mexicas veían a la muerte como un tránsito natural con diversos destinos; totalmente alejados de las ideas moralistas y de castigo que luego el cristianismo llegó a imponer. El recuerdo de la muerte para ellos estaba acompañado de los más refinados rituales y glamorosos homenajes, destinados a guiar al fallecido en su tránsito hacia el Mictlan, el lugar donde se tienen nueve aguas y que es el destino final de las almas fallecidas. Pero el camino hacia el Mictlan es oscuro y puede llegar a ser difícil, es por eso que el alma requiere la ayuda de un perro, raza canina endémica de México, el Xoloitzcuintle, quien acompaña al fallecido en su trayecto. La película animada Coco, lanzada por Disney en el año 2017, narra esta tradición generacional con una creatividad y un colorido excepcionales.

¡Cuánto valor cultural dejaron las antiguas civilizaciones a México! ¡El más bello favor heredado del pueblo mexicano: encontrar sutileza, honor, amor, alegría y folclor en ese evento tan trágico, tan esquivo y tan tabú para todos aquellos que nacimos y crecimos lejos de esta tierra! La hermosa fortuna del pueblo mexicano de convertir esa tristeza de la muerte que rompe el alma; en la animada sonrisa de quien entiende que la muerte es solo más vida, es cultura, es la patria digna que perdura, es el amor más allá de este lugar, más allá de esta sintonía, ¡más allá de este mundo!

Mientras más pasa mi vida en México, más amo esta tradición. Ha llegado a cautivarme con nostalgia y admiración: Las calaveritas literarias, esos versos que se componen con rimas alegres en honor a los que se han ido. El delicioso pan de muerto, que viene a endulzar nuestra tristeza y recordarnos lo que nuestros cuerpos llegarán a ser. La flor de cempasúchil que acapara mi vista, adornando las calles con su tonalidad tan fuerte e inspiradora. Todas estas demostraciones de vida y muerte, de luz y oscuridad, de cultura y futuro convirtieron a esta festividad en Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, declarado por la Unesco en el año 2003.

Este año, una foto más acompañará a la de mis abuelos. Con el corazón roto, deseo que la esencia tan pura de esta celebración apacigüe el dolor de haber perdido a mi hermano. Que nos reencontremos entre el color, las velas, las flores y sobre todo el amor que se desborda en el alma, en las letras; así que estas calaveritas literarias los esperan:



Con lágrimas en los ojos, En esta vida triste que pasa, ¡Desde Colombia, vengan para decirles, Bienvenidos a casa!

Si sonríen en mi ofrenda, Y siento el abrazo enternecedor. Yo les digo que fue México Quien nuevamente nos unió.
“Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”.

Octavio Paz
Comentarios requisitos entrada a México
CATEGORIES
Share This