Colombia ha perdido a Providencia

Actualización: diciembre 5, 2020

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Colombia ha perdido definitivamente a Providencia. Después de una lucha histórica y exhaustiva, imponiendo un sentimiento nacionalista más de propiedad que de amor frente a nuestras islas caribes; finalmente Colombia la ha perdido.

Los vientos furiosos de la naturaleza que reclama su espacio se han sumado a la deuda histórica de una Colombia continental que, con Providencia, ha eternizado el olvido. Impasibles nos hemos visto los colombianos que recordamos a la gente de nuestras islas solo cuando aprendemos de la división política de Colombia en las clases de sociales en primaria, enseñados a crecer desprendidos del valor cultural que el archipiélago de San Andrés y Providencia le otorga al país.

La Colombia en tierra firme es egoísta. Ha carburado con un fingido dolor nacionalista, las más agresivas estrategias para aferrarse a las islas, en el contexto internacional. Especialmente cuando Nicaragua reclamó la soberanía del Archipiélago, presentando una demanda frente a la Corte Internacional de la Haya en diciembre del año 2001. Esta agreste arremetida internacional, de la cual Colombia se defendió a capa y espada, no solo terminó en la ratificación del Archipiélago de San Andrés y Providencia como territorio colombiano sino que una vez resuelta la disputa y calmados los ánimos, las islas volvían al reiterado olvido al que las hemos sometido por años.
Pero ahora sí, Colombia perdió a Providencia. Se han perdido los azules que deslumbraban donde quiera que dirigieras tu vista. Han sido cruelmente reemplazado por un mar gris que aún intenta reponerse de la tormenta, mezclado por las lágrimas de sus habitantes que deambulan descalzos, con las ropas mojadas y con la mirada desprovista de esperanza.
Se han escapado por los aires, los recuerdos alrededor de sus calles adornadas por bancas de madera de colores rojos, azules o rosas; pintadas por manos isleñas que se sostenían en un pasado vivo de tierra escasa y de cielo ilimitado. Se han desgastado sus miradores donde sonaban los vallenatos con las guacharacas melancólicas y las cumbias galantes que cruzaban el Mar Caribe, empecinadas en sonar donde haya sangre colombiana latiendo, con el merecumbé sostenido de un folclor que sí sabe reconocer a su gente.

En nuestra “Old Providence”, hay una infinidad de mezclas históricas y culturales: anglosajones, jamaiquinos y africanos perdidos por el mar, llegaron a parar a la isla y al tratar de comunicarse con los nativos colombianos, se enredaron y terminaron creando un embrollo de palabras tan maravilloso llamado el creole sanandresano que le da un importante valor lingüístico a las comunidades nativas y hacen parte vital de la creatividad musical de las islas.
¡Estas manifestaciones de cultura enriquecen a Colombia entera! Y esto nos hace darnos cuenta de cuánto te debemos, ¡Providencia! ¡Cuánto te debemos! ¡Porque eres tú, mi bella isla, quien se ha aferrado con amor a Colombia, más de lo que nosotros nos hemos aferrado a ti!

Entre los llantos de destrucción, entre los rezagos de un pueblo antes lleno de sonrisas, en medio de la desesperanza que ellos jamás aprendieron; nuestra gente camina por calles inexistentes buscando el aeropuerto o el puerto más cercano. Claman ayuda, piden justicia, exigen que se les recuerde. ¡Su cansancio y su dolor gritan tan fuerte que ni las olas que aún no se calman, los opacan!
A la Colombia continental, a la Colombia regada por el planeta, a la Colombia que está aquí en México, nos pregunto a todos (porque me incluyo):
– ¿Acaso no escuchas los gritos de tu gente, esos gritos desesperados que vienen desde el Mar Caribe?
Gritan en creole y dicen: Mikies, Colombia, mikies. (Date prisa, Colombia, date prisa) Ayuda como puedas. Hoy, mañana y a largo plazo. El Archipiélago lo necesita.



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